Mis agradecimientos a la Editorial Calafate Cartonera por el original trabajo que hizo con mi texto “Gusano de Tierra”.

Tuve hasta ocasión de firmar algún ejemplar de este libro tipo “llavero”,

en el Primer Encuentro de Editoriales Cartoneras que se realizó en Biblioteca de Santiago.

Espero sean muchos más.

Calafate Cartonera

Cercenando el mar en su caída

Publicado: octubre 17, 2012 en Poesía
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Sabía de esa calle

cercenando el mar en su caída.

Bajaba mis pisadas por la vera

y cruzaba la plaza en un desdén hasta tu cuarto.

Condell, Pudeto, el café,

eran mis señas para golpear las escaleras

donde hubo disturbios, malos entendidos 

y destrozos de amor en esa turba.

 

Ya en ese entonces amaba

y bajía cual preñado mi frondosa saliva.

Mordía pañales y banderas para conquistarte

en fuese de gloria sobre las otras batallas.

De mí no se cuenta elocuencia, sino, la brevedad

de ser parsimonioso, como el gusano que se atreve

al éxtasis en fuga de cruzar la selva

de frondosa vaguedad.

 

Ahí fue mi conquista.

Me atrevo a decir que mantuve la calma

para despistar mi inocencia.

Nada se sabe,

ni se ha descubierto pito alguno

para acusar mi adicción.

 

Sólo amaba cual petardo las tardes enteras

en tu cuarto de paredes oscuras.

Menuda fragancia aterrizó en mis labios

cuando ya sabía de esa calle

cercenando el mar en su caída.

 

 

Pablo Delgado U.

Dos poemas publicados en Revista ANCLA

Publicado: octubre 8, 2012 en Poesía
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MUGIR NO ERA EXACTAMENTE

 

Te contaré de las tardes con ella;

no de la brisa que hacía crujir la madera del tiesto.

Ni de los alambres púas rascando el pavimento.

 

Mugir no era exactamente lo nuestro, era preludio,

hecatombe concebido de hembra a hembro en su torcedura.

En su rascar de entorno, como sintiendo la lengua.

Eso era lo nuestro, depositar el nervio,

despoblando los poros como desviando la marea

para prescindir del ahogo.

 

Entonces era lo nuestro.

Habitar meramente sus cuencas

sin eludir sus vaivenes que de lomas se apresaban mis manos,

que de hondonadas se tropezaban mis dedos, curvos, torcidos,

rectos para caber en la planicie honda de su entrepiernas.

 

Entonces era lo nuestro.

Tendernos boca arriba, boca abajo,

poblando con brazos y piernas la infinita jura de creernos uno.

Era, furiosos rasgando y quebrando las vértebras

en ecuánime coincidencia de avistar el goce.

 

Si de aquella brisa,

de aquellos alambres rascando el pavimento,

de aquellas tardes con ella.

 

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Las Tías

Publicado: octubre 8, 2012 en Poesía
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Ellas fueron fenicias a la hora del té,

endulzaban

sopesando al vaivén de su cuchara.

Té verde, amarillo, rosado para ellas

mientras velaban sus muslos y rodillas,

gota a gota el té fenecía

cuan atajos por la fiebre que yacía en sus canillas.

Atávicas, meandras y parduscas se dieron

con sus tazas de té en su cocina.

Ellas sabían de ese mundo.

Guardaban amuletos, perlas y portafolios,

cartas que escribieron para otros

u otros escribieron para ellas.

Nada las retuvo en este circo,

escupieron sobre pieles y sus discursos

majaban por las tardes,

no siempre a la hora del té.

 

 

 

Pablo Delgado U.

Me gusta verlos pintarse

Publicado: septiembre 29, 2012 en Comentario
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 Pablo Delgado U.

Cuando Jaime Collyer usó: abyectos, despreciables, narcisistas, entre otros epítetos, para describir a los escritores, no estaba lejos ni distante de lo que suele suceder en esa cofradía. Tampoco lo estaba  Parra al poner muy cercana la palabra sospechosos. Al parecer la vanidad es algo menor en ellos; por cierto, hay  vaguedades peores que los cruzan y crucifican descarnadamente, y en la historia literaria, muchos de ellos han dejado abiertas grandes pugnas sin resolver que en sus escuálidas vértebras enhebraron para que no salgan a flote.

¿A qué viene tanta baldía punitiva cuando aún falta tanto camino por recorrer?. “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar”

Me confunden los escritores como también me sucede con los historiadores, aunque por cierto, mi desconfianza está en los puntos de vistas, sobre todo en las fechas que otorgan a sus realezas. De hecho, los veo pugnar en contradicciones: pujan la aparentabilidad de lo incierto para acertar la parafernalia que sostiene su desidia.

Me veo mejor con los filósofos; hasta es posible decir que tienen otro tono de piel, otra mirada, que suele ser a veces trasparente. Incluso podría sacarme una foto con ellos. En cambio, y no por desprecio, los otros, los escritores bufan otro aire, parpadean lento y enturbian la mirada. Creo, y los he observado, caminan apretados, se sobajean demasiado unos a otros, pero no se confundan que son artimañas, preceptos, consignas que esconden bajo su piel disfrazados para atacar y despresar a su presa.

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De perfil

Publicado: septiembre 29, 2012 en Poesía
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La vi.

No fue en el mes de abril ni cuando llegan más barcos al muelle,

ni siquiera cuando crecen las raíces del almendro

y el pasmo fluir del ave ronronea por la tarde.

La vi no más como en un cuaderno de notas

como se tuercen a  veces

los clips fotográficos que emulan la vida,

como si una botella de vino lo contuviese todo

y me faltara el cigarrillo

y me faltara el perfume

y me faltara su cuello.

La vi no más en esa página de entonces.

Toda bella, esfumándose en un grabado de Rubert

que mecía girasoles y begonias en sus planchas de nilo.

Más al fondo,

el texto a la izquierda “desaparecida”.

 

 

Pablo Delgado U.

De Historia geográfica reunida”

Publicado: septiembre 29, 2012 en Poesía
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Ya no habrá plea mar entre nosotros

ni las elípticas mariposas cruzarán el océano

en pos del sosiego.

Fuesen buscando el surco del agua,

quebradas u olas como habidas a callar

tu grito y el mío.

De las flores del mal se contará después

y sea posible juntarnos a beber el mosto vestigio de esa vera.

Pasaremos a emborracharnos otra noche y seremos después de todo

ebrios de ese mar en cinta.

Se cuenta que bajamos abrazados,

abrazados y torpes

como un desliz de perro que cruza dos veces una plaza.

Nos apretamos los dedos, tus dedos y mis dedos,

se cuenta que algo se veía a vastedad de playa en esa ola,

y que una sombra,

algo como una sombra sobre otra

se dejaban caer,

nada más se supo de nosotros.

Pablo Delgado