GUSANO DE TIERRA

 

 

                             

 

 

Decepcioné al gusano:

Lo que ella hizo, lo que ella habló eso es verdad.

Porque no soy verdad yo, ni es verdad ella ni eres verdad tú.

Alguien que va a ser dice algo que no es.

Todas las bocas son necias; todas las palabras, necesarias.

 

De VENUS EN EL PUDRIDERO

Eduardo Anguita

 

 

 

 

Yo, pobre gusano de tierra.

A menudo

y sin reconocer las hojas

espero

que la gracia sea sobre nosotros,

que somos tan solos cada mañana.

 

Que infundimos el temor a tu raíz

de tanto

quedarnos en ella.

 

Al fin, rehaciendo tu historia de húmeda

perseverancia. Me detengo, doy vuelta la tierra

casi con la certeza de que la luz me atraviesa los

ojos. Y sigo allí, plantado como tú, creciendo

apestado a musgo, contemplando la espesura

que ha dejado tu polen.

 

Que al rigor de esa posición

y temblando los tallos

surges como otras cosas que disueltas caen

y se recogen.

 

Cuando he concebido entre nosotros

decretos de afán, para unirnos

en nuestro breve espacio.

 

Ya consagrado a esta faena. Donde se abren los

témpanos y lejos de las luces, me fui en vértigo

con la roca.

Allí, centrando el paisaje, ensordecí mis ojos

reptando el costado de la piedra.

 

Crezco con la certeza de tu olor hacia las galerías

fecundadas. Me detengo en la dureza de la

piedra, recorro tus tallos; esa longitud de temblor

y frío buscando la bruma del jardín entre tus

pétalos.

 

Por los brotes

y trozándola quebrada,

sin que nada fuese playa

o bruma bajo donde tender la baba.

 

Posados y babeando

el anillo húmedo del roce.

volteamos la sombra

en clave dejada por el árbol.

 

Ahí estaré

nuevamente con mis visiones,

amortiguada luz que retrocede.

Que trepa

que ocupa lugar frente a mis ojos

violetas de tanto pasado

de pálidos escombros.

 

Serpenteo como el gusano, el cual por

resignación, por simple hecho impostergable

acude hoy por hoy al lugar donde te he conocido.

 

Ceñido a la sombra delos tallos

y secos ya como paja,

olfateo la fruta.

 

El hueco de las pepas busco,

el vacío puro de tu pulpa

donde aguardar mi lengua.

 

 

 

(Fragmento del libro GUSANO DE TIERRA).

 

 

 

COMENTARIO:

“Gusano de Tierra”:

Metamorfosis en el jardín dialógico de las imágenes.

                                                        Pot Margarita Bustos Castillo

 

Para el psicoanálisis la literatura, la escritura y el fenómeno de la creación se inscriben como procesos sublimatorios, transformadores de la palabra de un estado a otro, metamorfoseando el espíritu que alienta la mano del /la  escritor/a. Tanto Freud en sus inicios, como Lacan posteriormente trabajarán las nociones de “YO” incompleto, fisurado al igual que el lenguaje que permite nombrarnos y representarnos, en una búsqueda permanente por la articulación, rearticulación/ construcción y deconstrucción de este yo escindido y habitado por el lenguaje[1]. Respecto del/la sujeto/a  que escribe, a lo largo de la historia de la filosofía y la literatura se han erigido distintas visiones para responder a las preguntas ¿Por qué escribimos? ¿Quién escribe realmente? ¿Es el escritor un creador de mundos a través de la palabra? Unos veían en el escritor a aquel que esculpe sobre el papel el pensamiento, o deja que el pensamiento hable a través de él /ella (noción de mediador); otros entendían al escritor/a  como una esencia que busca trascender por medio de su creación; algunos observaban en el escritor un vidente (Rimbaud) con la responsabilidad de mostrar y muchas veces guiar al resto de los extraviados; para muchos quien escribe no es más que un copista, ya que todo estaría dicho desde el momento de la gestación del universo; los psicoanalistas plantean que se escribe para buscar aquello perdido desde los inicios (lo real, el referente primigenio), escribimos para sublimar el deseo[2], el escritor a través de su obra, da cauce al principio del placer en la medida en que se ha dispuesto una estrategia comandada por el principio de realidad, para el psicoanálisis es la palabra quien tendrá el lugar privilegiado, ella nos permitirá entrar tanto en la lógica conciente como acceder a los entramados del inconciente del/la sujeto/a.

En los versos que Gusano de Tierra nos va presentando a medida que su hablante lírico y cada una de las estrategias figurativas que emplea mientras deambula por los rincones del jardín anhelado, recordado y transitado, nos vamos encontrando con la metamorfosis del sujeto que enuncia, sustituyendo su Yo/personaje/enunciante por el recurso de la personificación en un gusano de tierra, un habitante descolorido, común en cualquier jardín; pero que ahora será el hablante cuyos niveles de conciencia despertarán en nosotros los lectores la curiosidad insaciable por ver sus metamorfosis y oir sus pensamientos en el diálogo que establece desde sus primeras páginas con un tú femenino, tierra, hoja, pulpa.

 

Yo, pobre gusano de tierra.
A menudo
y sin reconocer las hojas
espero

que la gracia sea sobre nosotros,
que somos tan solos cada mañana(…)

 

(…) El hueco de las pepas busco,
el vacío puro de tu pulpa
donde aguardar mi lengua (…)

 

 Esta metamorfosis que va estableciendo el hablante cuya actitud carmínica o de la canción nos convence de asistir al prodigio de la transformación de un simple gusano de jardín en un ente primitivo que a su vez posee la mayor conciencia del sí mismo, nos desconcierta ante la evidente pregunta ¿Por qué el hablante necesita adoptar la forma de un gusano de tierra para hablar desde sí, para expresarse en 1ª persona?

Mientras este gusano repta de una página a otra del poemario/jardín/hoja canta la agonía de su existencia, el vértigo de saber que las palabras permitirán dar cuenta del estar, pero nunca de la agonía del ser.

Esta metamorfosis de ser a gusano la realiza la voz ficcional dentro de los versos, el hablante lírico que al principio adoptaba la enunciación en 1ª persona/gusano comienza a dialogar con un tú a través de la sustitución semántica: tierra, pulpa, hoja.

 

Pareciera darnos cierta clave a través del epígrafe de Eduardo Anguita:

Decepcioné al gusano:

Lo que ella hizo, lo que ella habló eso es verdad.

Porque no soy verdad yo, ni es verdad ella ni eres verdad tú.

Alguien que va a ser dice algo que no es.

Todas las bocas son necias; todas las palabras, necesarias.

 

(De VENUS EN EL PUDRIDERO)

 

Aunque todas las bocas sean necias, también todas las palabras necesarias[3], por ello me atrevo a afirmar que a este gusano no le basta hablarnos de sí, de cada luz, sensación, aroma que lo rodea en el jardín; necesita también hablarle a un tú, necesita dialogar con las imágenes que contempla cada mañana:

 

Al fin, rehaciendo tu historia de húmeda

perseverancia. Me detengo, doy vuelta la tierra

casi con la certeza de que la luz me atraviesa los

ojos. Y sigo allí, plantado como tú, creciendo

apestado a musgo, contemplando la espesura

que ha dejado tu polen.

 

A medida que avanzamos junto a los movimientos de este gusano/hablante observaremos que sus cuestionamientos cotidianos también nos pertenecen, que nuestra conciencia no dista de la que pudiesen poseer los demás seres que habitan junto a nosotros a Gea. El acierto de sus versos está en la riqueza de las imágenes, en las sustituciones semánticas, en metáforas simples cargadas de clorofila y sabia, en la personificación que sede su voz y sus reflexiones a un gusano de tierra.

 


[1] El Lenguaje entendido bajo la triada lacaniana de lo real, lo simbólico y lo imaginario.

 

[2] Freud planteaba que el psiquismo se regía por dos principios fundamentales: Placer y Displacer.  El psiquismo se guía por la búsqueda del placer, aquí se introduce otra dialéctica que lo pone en relación con la realidad. Es necesario transar con la Realidad, ya que mientras más insertos estamos en la cultura, debemos someternos a ciertas reglas, que si bien nos inhiben, nos proveen de medios para obtenerlo.

Según Lacan, cuando renunciamos al placer para entrar a la cultura, se nos asegura una sustitución del objeto deseado, y es precisamente allí donde se instala la importancia del Significante (se renuncia a un objeto y en el mismo momento se recibe la promesa de sustituirlo) aparece aquí los conceptos de Sustitución y Diferencia (Ver Derridá “Escritura y Diferencia”)  Pasamos entonces, a una economía más compleja de los Signos lingüísticos, organizada a partir del Significante.

 

[3] Parafraseo a versos anteriormente citados y que Pablo Delgado utiliza como epígrafe para Gusano de Tierra

 

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