Pablo Palacio: a puntapiés, pero no muerto

Publicado: diciembre 28, 2013 en Comentario
Etiquetas:,

 

 

pablo palacios

 

 

PABLO PALACIO, A PUNTAPIES, PERO NO MUERTO.

 

Pablo Delgado U.

 

Siempre hubo arrogancia en el dossier de Pablo Palacio, (1906/1947) que a temprana edad dejó este mundo. Su historia literaria, interesante, desvinculada ciertamente de la cotidianidad, pone en celo su profunda filosofía que pasa por ser el objetivo creador que plasma en sus textos. La  realidad que penosamente trascendió siendo absurda  y más poderosa que su locura, lo torturó haciendo de él un “magno” particularmente atrayente para quienes han conocido su literatura.

Desde “Un hombre muerto a puntapiés” (primera edición aparecida en Quito el año 1927), rarísimo ejemplar por donde deambulan seres de escrutas pasiones que ajustan su quehacer y su premeditado desencuentro por las miserias del hombre y de una vida que no está lejana ni ausente en muchos de los seres literarios que pasan por las páginas de sus escritos. “El Celador invitó al agredido a que le acompañara a la Comisaría de turno con el objeto de que prestara las declaraciones necesarias para el esclarecimiento del hecho, a lo que Ramírez se negó rotundamente”.

Singular artista ecuatoriano vinculado a la corriente innovadora que conmovió a una generación con su talento narrativo para tratar sus personajes, Palacio surte desde la ironía haciendo flejes con el humor hasta  plasmar la deshumanización histórica y profética que envuelve su prosa. Haber de tópicos, antirromántico y jurista. La gran conciencia de sus creaciones estuvo en la parodia y el dramatismo. Desde muy joven se inclinó por lo excepcional haciendo que muchos congéneres se acercaran y dieran hitos a sus creaciones. Distante siempre de la realidad común, sorteó el envés, las olas y los ismos que marcaban el signo de los otros.

Lo que muestra Palacio, son seres toscos, enmarañados, proclives, marginales, pero sustanciosos al momento de transformarlos en literatura. Ahí posiblemente esté la cosmovisión de lo paradójico y mutante de su prosa. La vida misma que encubre la realidad de quienes  poseen el travestismo humano y doloroso de convertir los hechos en una sustancia que se entrelaza con ironía y lo burdo de saber que la realidad es más fuerte.“Hacia las once sintió una inmensa tortura. Le temblaba el cuerpo y sentía en los ojos un vacío doloroso”.

Su poética constante en “Un hombre muerto a puntapiés” es desmadejar algo no resuelto.  Una enmarañada de hechos uniendo las imágenes  que sus palabras derriten en el papel. Lo sagrado de lo escrito con tan pura palabra. Básteme decir que el talento en ciernes de este creador extrañísimo, es lo que suele pasar muy pocas veces en la literatura, esto que constituye en crear, en destrozar la palabra como los mejores poetas o prosistas que pasaron por esta vida. Hacerlo constituye despresar al sujeto y darle verosimilitud a los vaivenes de su existir y de aquello que lo trajo, lo que constituye hacer su propia literatura. El devenir en la existencia de algunos seres que están entre nosotros, pero que por una u otra razón no tocamos, no rozamos, no anhelamos, no intentamos que sean tan cotidianos como nosotros. Por eso es interesante la mirada y el juicio de Palacio para hacer que aquello aparezca y se constituya en un acervo para depositar en nuestra mirada, lo cual logra imponiendo temas nuevos en la narrativa y usando la parodia como elemento diferenciador del realismo. Causa que es protagonizada por personajes desvastados, marginales en el sentido craneal de la escritura, pero a sabiendas de que están, existen y son parte de una sociedad ciega y funesta para hacer de ellos constituyentes de la realidad no ficcionada.

Aquí lo cierto y lo que tañe es su literatura, -todos los fuegos el fuego o el modelo por armar que posteriormente armó Cortázar–  esa trizadura donde incurrió este generador, y en las jeremías que nos aturdió como suelen hacer los genes creativos de este mundo.

Palacio, entonces, es vocero de aquello que nutre Joyce, maramente la literatura que no pasa de hito en hito, sino reiterativamente muerde con sus textos.

Palacio no queda en deuda con el lector, no hay otra salvedad que la expuesta. La psicología de lo humano se badea en sus escritos y sólo se fusiona con la lectura.

En rigor, lo fundamental de este escritor, creador de lo insólito, evolucionado y atemporal, es cruzar siempre la línea de lo sagrado con su lenguaje, para estremecer nuestro cuerpo antes de ser encontrado un hombre muerto a puntapiés

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s