El Caballero

Publicado: junio 20, 2012 en Comentario
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El caballero no tiene memoria y pasa muchas veces por ser cauteloso, casi a dispar de sus congéneres. No amerita una inversión mayor en la bolsa de valores o poner todo en los fondos mutuos y por decirlo de otra manera, nos indica que no se debe dejar todo en una misma canasta. El caballero me parece es disperso y se siente como chispas de chocolate un poco antes de hacer el amor. Aquí es donde se presiente si va bien encaminado para que se convierta y se precipite a rebosar su alma de candidato en tener su propio corazón. Un corazón desatado, abierto, inquieto, lleno de gracia a decir de algún poeta amoroso como esos que trafican versos al amanecer después de un buen ron emancipado. Y uno se inquieta como caballo saboreando una ensalada de pasto con azúcar. Y de esta manera uno no interroga al caballero, lo pone en reposo, lo tantea, lo adoba en la sartén a punto de condimentar. Aquí para eso no se requiere ser el mejor chef del River Macher, o del Green Courpe. No, sólo hay que pasearse por lo más cercano, hay que merodear en su playa y coordinar los movimientos, hacerlos como un olímpico, pensando en ganar siempre la carrera y arremeter en las entrañas como el mejor de los cirujanos. Pensando eso si, en generar la vehemencia concebida a esclarecer los hechos del caballero, de profundizar su trama y meramente trasparentar los personajes elegidos.

Él por lo claro, se arrima como un bebe de pecho; apretuja y babea en el hombro, tira eructos que no pasan de ser licuados de escupitajos al borde de la lengua. Es allí donde se amerita interpretar satíricamente su voluntad.

Si bien se coordinan los movimientos, no es una necesidad tenerlos en cuenta; uno mordisquea la batalla, saca banderas blancas de paciencia para sucumbir en la estrategia logística del campo. Zigzaguea con la mirada de un panzer precipitando el escarnio de no ser derrotado y pone por delante lo que el caballero no se amilana en seguir con pie firme hasta las últimas consecuencias, que por lo visto a esta altura del partido siempre quiere seguir siendo ganador.

Y no se confunde en la marea del mar negro que en las millas se trasforma en bulboso navegante de empíricas navieras surcando prados en vaivenes de dudosa casualidad. Se esparce, siendo una gelatina no bidibilidosa para traspasarnos sus comentarios en primera persona. Asunto este elocuente para mantenernos con la certeza de llevar en buena ventura los presagios y no siendo un chaman de envergadura pasar en ristre lo cosechado. El caballero viene, se hace presente en la inquietud y rebosa como el mejor de los almácigos en la espera de su cosecha.

Atengámonos entonces a presagiar la virtud del caballero, démosle las armas necesarias, empapelémoslo con rabian de zurcí y cultivemos sus amaneramientos que en ciertas ocasiones nos estarán sacando de algún apuro, de alguno de nuestros apuros.

El Caballero

Pablo Delgado U.

Quilicura, 02/09/008 Santiago.

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